¿Se os ocurre una forma mejor de pasar una tarde que rodeado de 55 jóvenes emprendedores y emprendedoras, llenos de ideas, ilusión y ganas de comerse el mundo? A mí, sinceramente, no.
El jueves pasado, 11 de diciembre, tuve la suerte de vivir una de esas experiencias que te recuerdan por qué merece tanto la pena dedicar tiempo a compartir lo que sabes.
Junto a mis amigos de Fundación Tomillo, pasé la tarde acompañando a personas que están poniendo en marcha sus propios negocios, ofreciéndoles formación práctica para vender mejor sus productos y servicios.
¡Lo pasamos en grande! Quien haya estado en alguna de mis formaciones sabe que el aburrimiento no suele estar invitado 😄 – pero lo mejor vino en las conversaciones. Cada persona con la que hablé tenía una historia preciosa detrás de su proyecto: talento, valentía, creatividad y muchas ganas de construir algo propio. ¡Fue imposible no contagiarse de esa energía!
Al volver a casa, me acompañaba una sensación muy especial: la de haber participado en algo auténtico, valioso y profundamente humano. De esos momentos que se quedan contigo y te recuerdan que el emprendimiento también va de personas, de oportunidades y de comunidad.
Tengo muchísimas ganas de volver a colaborar con Fundación Tomillo y seguir apoyando a personas de los barrios del sur de Madrid para que encuentren su camino y hagan realidad sus proyectos empresariales. ¡Esto no ha hecho más que empezar!
Ofrezco la formación más puntera en técnicas de ventas y negociación: envíame un mensaje, y hablamos de lo que podemos hacer con tu equipo comercial.

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